FEDERACIÓN DE BALONCESTO DE MADRID
Paco Torres: "Soy entrenador antes que periodista"
3/4/2026 - 1:21 PM
Paco Torres nació en Sancti-Spiritus (Salamanca) el 15 de octubre de 1951, pero toda su vida ha transcurrido en Madrid. Primero como entrenador, después como periodista (dirigió Gigantes del Basket durante 26 años) y de nuevo vuelta a las canchas. Ha convivido con estrellas consagradas y ha contribuido a la formación de promesas que luego se convirtieron en estrellas. Ahora sigue entrenando en la #LigaGinos, en Hoyo de Manzanares, con un equipo sin metas ni retos más allá de disfrutar compitiendo.
Eres periodista y entrenador. Tu vida profesional se ha desarrollado en el periodismo, ¿te hubiera gustado más al revés?
Vivir como entrenador hubiera supuesto muchísimos cambios... [ríe]. Soy entrenador antes que periodista. Por lo menos el primer título de entrenador lo saqué antes y luego acabé Periodismo antes de tener el título nacional, que saqué en el 78, pero la vocación de entrenador surgió antes. Una vez escribí que yo era un entrenador que había tenido 28 años de parón para hacer periodismo entre empezar a entrenar y volver a entrenar.
¿Dónde empezaste a entrenar?
En mi colegio, Gredos, en Vallecas, con un equipo juvenil. Luego me fui a la mili y a la vuelta cogí Ciudad de los Muchachos Hogar de Ávila, en Segunda División, donde sustituí a Santos Moraga [actual presidente de la FBM]. Estuve desde el 78 hasta que empecé en Gigantes.
Empiezas en Gigantes y desde 1987 hasta 2013 eres el director de la revista, ¿qué ha cambiado en el periodismo?
Muchísimo. A veces doy gracias por no haber vivido este apogeo de redes sociales, este maremágnum de las redes, porque ahora vivimos en un periodo de mucha confusión. Al margen de cómo se hacían las cosas antes en cuanto a diseño, que era todo manual, con máquinas de escribir, lo que más ha cambiado la cercanía que teníamos con los jugadores o los entrenadores. Hablabas con ellos en los vuelos chárter, tenías el teléfono de prácticamente todos... Luego empezaron las cortapisas. Cuando me preguntan qué ha cambiado siempre digo que solo se parece en los nervios de los cierres, en la imprenta y en la distribución mediante camiones o furgonetas. Lo demás no se parece en nada. Todo esto hablando del papel, claro...
Alguna vez has hablado de la locura del primer número de Gigantes.
Sí, fue una locura. Ahora escribes sobre un ordenador, está ya diseñado y sabes donde tienes que poner el punto final. Antes escribías en máquinas de escribir, en folios, lo mandabas a fotocomposición, allí hacían las galeradas y te decían lo que sobraba o lo que faltaba. Entonces tenías que cortar o añadir para clavarlo. Además, la fotografía tenía que ir a fotomecánica... Era una auténtica locura. Ahora es mucho más fácil, pero también menos emocionante. Antes hasta que no lo veías impreso no veías el resultado; ahora lo ves antes, incluso más bonito, en el ordenador.
¿Y qué ha cambiado en el baloncesto?
Primero los cuerpos de los jugadores. He visto hace poco un CSKA-Real Madrid que se jugó en el antiguo Saporta y me parece que había mucho espacio. Los jugadores han cambiado mucho físicamente, ahora hay mucha masa corporal, y los campos se quedan pequeños.
¿Serías partidario de ampliar el tamaño de las canchas?
Soy partidario, pero es imposible. En cuántos cientos de colegios de España no se podría jugar al baloncesto, o en cuántos pabellones que no está destinados al baloncesto profesional... Yo aquí, en Hoyo, no podría jugar. ¿Soy partidario? Sí, claro, convendría, pero es un ideal. Tendrían que construir cientos de canchas.
Gigantes del Basket acaba de cumplir 40 años, ¿qué sientes cuando ves la revista?
Primero mucha alegría porque siempre quise que Gigantes me sobreviviera. Lo que no quería era asistir a la muerte de Gigantes, ser yo el que pusiera el punto final. Es un alivio cuando sabes que no vas a ser tú y una gran alegría que siga ahí. Tengo mucha relación con David Sardinero y sé que es muy complicado mantener el papel, pero la revista es un buque insignia. Hace poco estuve en la gala de los Premios Gigantes y todo el mundo decía: Cuando yo compraba la revista, cuando me ponía los pósteres en la habitación... Siempre hablan en pasado. No, compradla ahora. Hay que seguir comprándola.
Después de casi treinta años sin entrenar, volviste en el Programa de Formación de la Federación Española.
Sí, esa historia es curiosa. En 2004 estuve en la primera Minicopa, en Sevilla, y para mí fue un impacto porque estaba acostumbrado a ver baloncesto de élite, a grandes jugadores, y de repente ves a los chavales, una vuelta al principio. Dos años después fui al Magariños, estábamos en familia y me encontré a Manolo Aller, que me presentó a un señor. Era Josep Bordas, que llevaba el Programa de Detección de Talentos. Veía que pasaban por ahí jugadores, los saludaban y luego decían: Hay que ver lo que ha cambiado este chico desde Collell, el estirón que ha pegado... Les pregunté qué era Collell. Josep me dijo: Que el director de la revista Gigantes no sepa lo que es Collell muy mal... Y yo contesté: Que la Federación Española no haya logrado que el director de Gigantes sepa qué es Collell muy mal también. Me invitó a ir, fui a hacer un reportaje, me gustó muchísimo y les dije que quería volver pero para trabajar, y desde 2007 a 2015 estuve colaborando con la Federación Española, con Ángel Palmi, Josep Bordas y José Silva.
Coincidiste con algunos talentos que se han consagrado
De las generaciones entre 1993 y 2004 he tenido jugadores como Santi Yusta, Sergi García, Jonathan Barreiro, Aldama...
Todo eso en tus vacaciones, en tu tiempo libre...
Sí, en mis vacaciones... [Pilar, su mujer, sonríe y hace un gesto de resignación] Cogía unos días y eran para ir a Collell, en Semana Santa a las concentraciones, a Íscar, a San Fernando... Pero era una experiencia magnífica porque ves partidos de chavales, tienes la responsabilidad de ser uno de los coautores de las convocatorias. He estado con la U14 en Eslovenia, en el Torneo de la Amistad...
Es un baloncesto del que no se habla, que no sale habitualmente.
Claro. Luego me costaba ver baloncesto sénior, de élite, porque veía la libertad con la que se expresaban los chicos en sus partidos y luego la férrea disciplina táctica de los equipos grandes. Había muchísimo contraste. Me apetecía más ver partidos de minis o de infantiles y cada fin de semana veía dos o tres.
Después de esa experiencia en la FEB, volviste a los banquillos para a entrenar equipos de base en clubs. Primero en Majadahonda y después en Las Rozas.
Sí, empecé con un cadete en Majadahonda, después Sasha [Stratijev] me fichó en Las Rozas y allí estuve seis años, con júnior, Sub22 y como ayudante de Gabi Álvaro y Guille Frutos en el Nacional [Liga VIPS].
Y luego llegas a Hoyo, donde estáis encantados...
Sí, la verdad es que hemos encontrado nuestro lugar en el mundo. Las Rozas no tenía equipo en Autonómica [Liga Ginos]. Cuando termina el año de Sub22, a dos jugadores les proponen subir al Nacional, otros seguían en Sub22 y otros no podían jugar, se quedaban sin equipo. Pero todos querían seguir jugando juntos, así que ese verano me dediqué a buscar sitios y me hablaron de Hoyo. Vine y nos dijeron que sí a ciegas. Llevamos aquí desde la temporada 2021/22 y estamos encantados. Nos han apoyado muchísimo. En los playoffs y en la fase final alquilaron autocares. Empezó siendo un matrimonio de conveniencia y ahora es por creencia.
Has conseguido que algunos jugadores que habían dejado el baloncesto vuelvan a jugar.
Sí. Jorge Bueno estuvo en el Madrid con Doncic cuando era cadete. En júnior sale del Madrid, se viene un año a Torrelodones, luego se va a Estados Unidos cuatro años, vuelve, empieza una fase semiprofesional en Ponferrada, pero lo acaba dejando. Yo fiché a un hermano pequeño, Javi, y un día me dijo que si su hermano podía venir a entrenar. Jorge y otro hermano mayor, Martín, vinieron un martes y el jueves les hicimos la ficha. Óscar Alonso, que había estado en Estudiantes, también lo quería dejar, vino a Las Rozas y lleva siete años conmigo. Y los hermanos Echeita...
Para que jugadores que han estado a ese nivel jueguen en Autonómica tiene que haber algo más...
Te pongo dos ejemplos. El viernes estuvieron cenando en casa. El año que ascendimos cada vez que pasábamos un playoff hacíamos una cena y parece ser que las tortillas de Pilar tienen magia. Además, suelen irse de vacaciones juntos. Estuvieron en la Feria de Málaga. Sí, hay algo más...
¿El secreto es ser un grupo de amigos?
Totalmente.
¿En lo deportivo a qué aspira este equipo? ¿Hay algún objetivo marcado?
Pasarlo bien. Entrenamos dos días a la semana y de aquella manera. Si a estos chicos les pones cinco contra cero, conos... no funciona. La base ya está hecha. Aquí venimos, tiramos y jugamos, y ya está. No hay más. El físico lo hace por su cuenta quien lo hace, porque todos tienen sus obligaciones, unos están terminando la carrera, otros trabajando, y tienen muy claro cuáles son las prioridades. Nos nos cerramos a nada, pero sabemos hasta dónde podemos llegar. Cuando subimos de Plata a Oro seguimos con los mismos entrenamientos y si algún día subimos a Nacional [Liga VIPS] seguiremos igual. Compiten y pelean pero siempre como algo lúdico, para disfrutar.
¿Esa mentalidad es la misma que tienes tú?
Sí. A veces pienso cómo sería cambiarme a otro sitio, empezar a pelear... Sería muy complicado y hay jugadores aquí con los que llevo desde 2015, once años conmigo.
¿Y hasta cuándo seguirás?
Antes decía que cuando lo dejara Aíto, pero como sigue Pesic, que es mayor que yo, pues a ver qué hace Pesic [ríe]... No me marco fechas. Este año tengo quince jugadores y son los mismos que hace dos años. No he fichado a nadie porque nadie se va, y no voy a echar a nadie. Los que quieran seguir siguen y yo encantado de la vida. Es otra perspectiva, otra visión de lo que puede ser un equipo, pero no por ello no competimos. El equipo se lo pasa bien y punto.