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JJ.OO. El valor de un metal
8/7/2012 A menos de 24 horas para que arranquen los cuartos de final y la definitiva lucha por las medallas España opta de nuevo a todo, al igual que hace cuatro años en Pekín. Algo que podría parecer rutinario, pero que en la historia del baloncesto español ha sido inusual. Un bagaje a la altura prácticamente de Francia, Italia, Lituania, Argentina o Brasil, y muy por debajo en el medallero de las tres históricas potencias: Estados Unidos y las antiguas URSS y Yugoslavia. ¿Tan fácil en es ganar una medalla?...la respuesta es clara, incluso para la mejor España de todos los tiempos, que lo ha ganado casi todo y cuyo rendimiento y capacidad para competir está fuera de toda duda.
XAVI OLTRA
A pocas horas de que arranque la lucha por un puesto en semifinales entre las ocho selecciones clasificadas, España debe recordar sus orígenes y trayectoria para desde la humildad valorar el difícil paso que está a punto de acometer: luchar por una medalla que históricamente ha sido casi inalcanzable para el baloncesto español. Sólo las platas de Los Ángeles 84 y Pekín 08 escenifican la recompensa en unos Juegos Olímpicos a varias generaciones de talento y esfuerzo sobre la pista. Unos jugadores que lo han dado todo por esta camiseta con excelentes y recientes ejemplos de compromiso, como el desplegado este verano por Juan Carlos Navarro o Rudy Fernández. Como hizo Jorge Garbajosa tras su grave lesión hace ya algunas temporadas, ahora el capitán, en lugar de una fácil renuncia a la cita olímpica, ha trabajado duro y con dolor desde hace dos meses para aportar y seguir sumando en un grupo ya inolvidable.
Una España que nunca tuvo fácil su acceso a la élite. Fue a partir de los años 60 (Roma 60 y México 68) cuando en el panorama internacional irrumpieron los Buscató, Emiliano, Luyk, Alfonso Martínez, Lluís Cortés, Sagi-vela, Vicente Ramos y compañía, y nos situaron en el mapa de unas Olimpiadas, en un deporte hasta ahora sin el rango ni logística apropiados en nuestro país. Un 14º y 7º puesto, más un 11º en Múnich 72 eran las primeras apariciones de unos pioneros, que evidentemente no tenían las condiciones físicas de las generaciones actuales. En Moscú 80, de la mano de nuevo de Díaz Miguel, explotó la segunda mejor remesa de nuestra historia. Corbalán, Solozábal, Llorente, Epi, Iturriaga, Romay, Margall y otros nombres ilustres rozaron el metal con un meritorio cuarto puesto, que tuvo su definitiva recompensa en Los Ángeles 84. Esa plata y un estilo de jugar atractivo -con gran capacidad para correr de la mano del doctor Corbalán e Iturriaga, con muñecas privilegiadas como las de Epi y Margall, con la fortaleza física de un portentoso Fernando Martín y con la polivalencia de Jiménez como primer 3 alto- obraron el milagro y provocaron el ‘boom’ del baloncesto en España en los años 80. Ahí nació la mejor generación, la actual, que logró volver a subir al podio. 14 años tardó el básquet español en saborear otro metal.
Ahora, acostumbrados al éxito se olvida, a veces demasiado fácilmente, la historia y el valor de una medalla -también muy cara para otros países del continente con tradición y potencial-, así como el esfuerzo y carácter ganador mostrado por los jugadores en citas recientes. Si hay algo que merece este equipo es crédito, sobre todo en su cita casi anual con la victoria y el trabajo. O como mínimo con el orgullo y competitividad que les ha llevado a ser una selección temida y respetada por el resto de combinados nacionales, pese a haber acudido ahora a Londres con problemas físicos notables como en los mencionados casos de Rudy o Navarro. La duda no tiene espacio para esta España, que pese al agotamiento y exigencia tiene capacidad para desplegar un baloncesto imperial en su juego interior y letal en su aportación exterior, a poco que el tono físico acompañe.
No se debe obviar tampoco la dificultad histórica de dar el último paso para cualquier país. Y más compitiendo ante lo más granado del panorama internacional, con varios NBA exhibiendo su calidad en diversas selecciones (Francia, Argentina, Rusia o Brasil). Es por ello que España, supere o no los cuartos y las semis, no deberá olvidar sus orígenes y la dificultad que entraña llegados a este punto y en el baloncesto moderno luchar por las históricamente inasequibles medallas cada verano.