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CES 2012: Ramón Jordana: Corregir la causa, no la consecuencia
7/29/2012 Nueve de la mañana, sala Master del Hotel Tryp y, en la puerta, Ramón Jordana recibiendo, uno a uno, a los más de cien alumnos dispuestos a recibir una de las últimas lecciones de esta intensa y para algunos maravillosa experiencia que significa vivir el Curso Superior.
Miguel Panadés
Y en un inteligente paralelismo entre lo que significa poner en marcha a un grupo de jugadoras a las siete de la mañana para entrenar baloncesto Ramón Jordana sacó de dentro toda su personalidad, que es mucha, para captar la atención de un alumnado, cansado a estas alturas de Curso, pero con las fuerzas e ilusión suficientes como para disfrutar de una charla magistral. Porque desde esa fina ironía, no exenta a veces de un divertido punto de cinismo, este veterano entrenador que se enamoró del baloncesto hace cuarenta años en una pista descubierta de Torelló ilusionando a un grupo de niñas que se iniciaban en la pasión jugar, emprendió un viaje por el baloncesto, y lo hizo llegando a todos y cada uno de los presentes en la sala que alternaban risas y reflexiones en esa profunda inmersión en el ejercicio de entrenar.
Invitó Jordana a “atreverse” y lo hizo desde la reflexión de que el conocimiento, sin la experiencia, tiene poco valor. Quiso Jordana que todos los presentes nos planteáramos la importancia de corregir la causa de los errores mucho más que la consecuencia de los mismos. "Enseño lo mejor que puedo, aprendo para enseñar más, trato de transmitir lo mejor que sé"… afirma Jordana que confiesa que entrenar es “una forma de vida”. Abordó el técnico una cuestión de utilidad en la realidad de los entrenadores como es evitar entrenar “la media del equipo” y sí ir a buscar que los mejores progresen y lo que viven en la zona media puedan aspirar a ser los mejores. Declaración de intenciones, un lujo para los presentes en la sala, e inmensa capacidad para reírse de si mismo en un sabio ejercicio de ayuda para un alumnado que agradeció, en el día previo al gran examen, una inyección de sabiduría envuelta de necesario sentido del humor.