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Josep Franch y Jorge Sanz, los guardianes de Melilla la Vieja

2/10/2016 El duro varapalo que supuso la marcha de Albert Sàbat a la Liga Endesa forma ya parte del pasado en el seno de un Melilla Baloncesto que luchará por el ascenso a la Liga Endesa con una de las mejores parejas de directores de juego de la competición, unos Josep Franch y Jorge Sanz muy diferentes pero con un deseo común, el poder retornar de la mano a la ACB.
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PABLO ROMERO / ÁREA DE COMUNICACIÓN FEB

Apostaron con firmeza por la construcción de una experimentada plantilla con la que dar un paso al frente en la competición pero el destino quiso que la temporada comenzara con un duro varapalo para un Melilla Baloncesto que veía como uno de sus fichajes estrellas -Albert Sàbat- ponía rumbo a la Liga Endesa. Un contratiempo que obligó a los máximos responsables de la dirección deportiva a realizar un rectificado en el aire para reforzar la plantilla del decano con un talento de futuro complementado, apenas tres semanas atrás, con una nueva apuesta con mucho en común.

Sus nombres, Josep Franch y Jorge Sanz y su media de edad, no supera los 24 años. Eso sí,  entre ambos suman ya nueve temporadas en una Liga Endesa que les ha aportado la experiencia más que necesaria para poder afrontar ahora con garantías un desafío tan exigente como supone el portar las riendas del conjunto más veterano de la Liga LEB Oro a la búsqueda de un ascenso directo que se les ha resistido durante las dos últimas décadas.

Un Melilla Baloncesto que ejerce por tanto como un nuevo reto en las carreras de dos jugadores que debutaron de manera prematura en la máxima competición nacional y que tendrán ahora una oportunidad de oro para poder reivindicar la juventud y el talento que corre por sus venas. Y es que esta doble “jota” ejercerá durante el tramo final de la competición como los mejores guardianes de una Melilla la Vieja que deberán convertir en inexpugnable a la búsqueda de un objetivo común.

 

Josep Franch, y entonces apareció el Melilla Baloncesto:

Fue internacional en las diferentes categorías de formación del baloncesto nacional y alcanzó uno de sus momentos más dulces con la medalla de oro en el Europeo U20 de Bilbao en un 2011 en el que Josep Franch reafirmó una calidad que le había llevado a debutar en Liga Endesa con apenas 15 años (2007/08).

Pero el caprichoso destino quiso que los minutos se fueran vendiendo cada vez más caros para un jugador que, si algo tuvo claro el pasado verano, es que había llegado el momento de sentirse valorado. Muy a su pesar, Franch cerró las maletas tras 6 temporadas en la Liga Endesa para poner rumbo a un nuevo destino profesional en el que encontrar el cariño y la confianza necesaria para poder reivindicarse de nuevo.

Fue entonces cuando llegó la oportunidad deseada. Melilla Baloncesto llamó a su puerta y su técnico, Alejandro Alcoba, pronunció las palabras que necesitaba escuchar para que aceptara una oferta con un gran valor simbólico tras de sí: “Este verano sabía que había llegado el momento de reciclarse a la búsqueda de un destino en el que poder sentirme cómodo de nuevo. Venía de un año en San Sebastián en el que había tenido por delante al jugador con mayor número de minutos jugados de la competición -Jared Jordan- y, aunque había ofertas para poder jugar fuera de España, tenía claro que era aquí donde debía empezar de nuevo. Melilla demostró una gran confianza en mí, ofreciéndome ser importante con protagonismo y muchos minutos así que no me lo pensé mucho”.

Una decisión que le está sirviendo para recuperar la confianza en un equipo en el que si por algo está destacando es por ser uno de los mejores bases de equipo de la competición: “Después de un año en el que no había ganado muchos partidos aquí he vuelto a disfrutar del baloncesto. Tenemos un equipo muy completo y con muchos recursos ofensivos donde  me siento muy cómodo y en el que mi principal función no es otra que el lograr que las cosas funcionen tratando de elegir en cada momento la mejor opción. Por ahora todo está saliendo muy bien, el equipo es segundo y estoy contento por cómo estoy evolucionando junto al grupo. Quizá no tengo un gran protagonismo en anotación o en números pero eso se compensa con una dirección destinada a buscar al compañero más acertado en cada momento”.

Y será precisamente esta generosidad en el juego una de las claves para que su equipo pueda optar a un ascenso directo complicado pero no imposible y por el que pelearán durante las 10 últimas jornadas de competición: “Nos encantaría poder estar ahora primeros y que todo dependiera de nosotros pero la realidad dice que es el Quesos Cerrato quien tendrá ese privilegio durante las últimas jornadas. Ellos tienen todo en su mano y nosotros dependemos de que ellos pinchen por lo que lo único que podemos hacer es mantener nuestra línea de trabajo e intentar sumar el mayor número de victorias posibles para que, si llegan sus fallos, poder cogerlo, morderlo y agarrarlo para no desperdiciar nuestra oportunidad. Y si no fuera así iremos con toda la ilusión del mundo al playoff por el ascenso con un factor cancha que puede ser realmente importante”.

 

Jorge Sanz, un reencuentro a la búsqueda de minutos:

Las ambiciosas palabras del playmaker catalán no distan mucho de la forma de pensar del que jugador que se convirtió en su nuevo compañero tres semanas atrás.

Llegado desde Madrid y más en concreto desde las filas del Montakit Fuenlabrada, Jorge Sanz ha encontrado en el Melilla Baloncesto una nueva ilusión a base de minutos, aquellos con los que no ha podido contar en las dos últimas campañas y que podrían valerle muy pronto su retorno a la competición en la que debutó en 2012 vistiendo la camiseta de un Real Madrid con el que se estrenó incluso en Euroliga.

Fichado como cedido tan sólo unas horas antes del encuentro en Palma de Mallorca, Sanz voló directamente a la capital balear para enrolarse en las filas de un equipo con el que, apenas unos días después, estaba jugando ya su primera final: “Los primeros días fueron una auténtica locura pero estoy muy contento con el resultado… Hace tan sólo unos días estaba viajando a Mallorca para incorporarme al equipo y una semana después pude vivir un sueño con la posibilidad de jugar esa final de Copa Princesa en la que nos quedamos a las puertas del título. Desde el primer minuto en Melilla todo el mundo me está ayudando mucho para que pueda sentirme cómodo y para que mi adaptación al equipo sea lo más rápida posible algo que me está resultando muy sencillo ya que aquí me he encontrado un grupo con mentalidad ganadora así como con una gran química en el vestuario lo que explica la gran primera vuelta que les ha permitido llegar hasta aquí”.

Una confianza de la que se ha empapado muy pronto y que le permitirá aprovechar al máximo una nueva etapa que ha iniciado con una especial ilusión: “Llego con muchas ganas de poder hacerlo bien dentro de un gran equipo que ha apostado por mí y al que quiero devolver esa confianza con mi mejor juego. El poder jugar una final de Copa Princesa y el haber logrado ya dos triunfos supone un gran inicio pero ahora queda lo más importante con 10 jornadas en las que tanto el equipo como yo nos vamos a dejar la piel sobre la pista para intentar el asalto a esa primera plaza que premiaría la historia de este club con el ascenso directo. Por ilusión y ganas, no va a quedar…”.

Palabras que reafirman el compromiso tanto de Jorge Sanz como de Josep Franch con un Melilla Baloncesto con el que quieren llegar lo más lejos posible a la búsqueda de un aterrizaje conjunto en una Liga Endesa para la que calidad y ambición no les faltará.

Franch y Sanz, jóvenes con mucho futuro (Foto: CMB)
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